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“Pastor con olor a oveja”  Pbro. Enrique Della Valle Baravalle Q.E.P.D.

Enrique Félix María nació en Valparaíso, el 16 de agosto de 1932. Hijo de Luigi Della Valle Bosso y Olimpia Baravalle Mazzola, matrimonio de inmigrantes italianos que llegaron a Chile ya casados. Fueron cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, de quienes solo le sobrevive su hermana Angela.

Fue bautizado en la parroquia Los Doce Apóstoles, de Valparaíso, el 3 de septiembre de 1932. Recibió la Confirmación en la parroquia San Vicente, de Valparaíso, el 26 de julio de 1942. Cursó sus estudios básicos y medios en el Colegio de los SS.CC. de Valparaíso, donde ingresó en 1939 y egresó en 1950 como Bachiller en Humanidades con mención en Biología. Su padre era profesor de química en el mismo colegio.

Recién egresado del colegio entró a la Congregación en Los Perales, donde inició su noviciado con la Toma de hábito el 27 de marzo de 1951, en Valparaíso. Realizó su primera profesión religiosa el 30 de marzo de 1952 y profesó los Votos Perpetuos el 3 de abril de 1955, ambos en Los Perales. Como era habitual en esos años siguió el largo itinerario de preparación para el presbiterado: el 26 de marzo de 1955 recibió la Tonsura; el 24 de octubre de 1955 las órdenes menores de Ostiario y Lector, y el 26 de octubre de 1956 las de Exorcista y Acólito; el 21 de diciembre de 1957 recibió el Subdiaconado; el 22 de marzo de 1958 el Diaconado; y finalmente el 20 de septiembre de 1958 fue ordenado Presbítero. Todas estas ordenaciones las recibió en Valparaíso, de manos de Mons. Rafael Lira Infante, obispo diocesano.

En el Escolasticado de Los Perales realizó sus estudios filosóficos (1952-1954) y teológicos (1955-1958). Ya ordenado, en 1959, fue enviado a Santiago para un año de estudios pastorales y de trabajo en la Escuela Lorenzo Sazié. En 1960 fue destinado al Colegio de los SS.CC. de Valparaíso como director espiritual y profesor en el ciclo básico. A mediados de 1960 fue enviado a Roma para estudiar en la Accademia Alfonsiana, Istituto Superiore di Teologia Morale, donde obtuvo -en 1961- el grado académico de Licenciado en Teología. El año académico 1961-1962 vivió en Paris, siguiendo cursos de especialización en teología moral en el Institut Catholique de Paris. Retornó a Chile a fines de 1962.

En 1963 fue destinado al Escolasticado de Los Perales como profesor de Teología Moral y ecónomo de la casa. Junto al Escolasticado a inicios de 1966 se trasladó a Santiago, ubicado en la calle Vergara.

En 1967, cuando el Escolasticado se trasladó a su nueva casa en Quebrada de Macul, y se modificaron los planes de estudios, Enrique fue destinado al Colegio SS.CC. de Manquehue como profesor. Permaneció como tal hasta mediados de 1973, aunque cambiando de lugar de vida. Los años 1967-1968 vivió en la comunidad del Colegio; los años 1969-1970 en la comunidad de calle Elena Blanco 955; los años 1971-1973 en la comunidad de avenida Los Leones 3015. El segundo semestre de 1973 estuvo en Valparaíso en un tiempo sabático.

Los años 1974 a 1982 vivió en Viña del Mar, sirviendo en la parroquia San Juan Evangelista, de Gómez Carreño. Fue Párroco de la misma entre 1978 y 1982. Esos años lo hicieron crecer como “pastor con olor a oveja”. Junto a sus hermanos de comunidad religiosa, desarrolló una fructífera labor con las familias y cientos de jóvenes de las diversas capillas de la parroquia en recordados campamentos juveniles, que hasta hoy preguntan por él y lo visitaban en Santiago cuando estaba enfermo.

“Pastor con olor a oveja”

Algunos años también fue Superior Zonal. En el año 1979 participó en Lima en el programa de renovación teológico espiritual «Segundo Noviciado», organizado por la Congregación.

En 1983 fue trasladado a la comunidad de Valparaíso, y destinado a trabajar en la pastoral del Colegio de los SS.CC. de Valparaíso, tarea a la que ya se había integrado en 1981. Fue superior de la comunidad (1984-1995) y de la zona (1986-1987). Fue Rector del Templo de los SS.CC. entre los años 1983 y 1988. En junio de 1987 asumió como Vicario Episcopal de Valparaíso; y en octubre de 1987 fue elegido consejero provincial por un período de tres años. El año 1990 fue uno de los vicepresidentes del Primer Sínodo Diocesano de Valparaíso, siendo Mons. Javier Prado su presidente.

En 1990 y 1991 fue Director Pastoral del Colegio de los SS.CC. de Viña del Mar. También, en 1991 fue designado Juez del Tribunal Eclesiástico de Valparaíso. De 1992 a 1995 ejerció como Presidente de la Fundación Colegio de los SS.CC de Viña del Mar; trabajando en la pastoral del Ciclo Básico, en Valparaíso.

Tras estos años en el Puerto (1983-1995), a inicios de 1996 fue enviado a Madrid, España, para seguir cursos en el Instituto Superior de Ciencias Morales. Los meses finales de ese año tuvo un tiempo sabático en la comunidad del Noviciado Interprovincial, en Cerrillos de Curacaví.

Los años 1997 a 2007 residió en Santiago, en la comunidad de Padre Damián de Veuster 1921, Vitacura. Durante estos años trabajó en la pastoral del Colegio de los SS.CC. de Manquehue, de modo especial en el ciclo básico.

En el año 2008 fue destinado nuevamente a Valparaíso, donde permaneció hasta mediados de 2018, período en que su trabajo estuvo concentrado en la atención pastoral del Templo de los SS.CC.

            El 28 octubre 2018 Enrique sufrió un accidente cerebro vascular que lo tuvo internado por un mes en el hospital Van Buren de Valparaíso. Al ser dado de alta el 23 de noviembre fue llevado a la Casa Provincial, en Santiago, para cuidar su muy delicada salud.

Una de sus pasiones prácticas que lo retrataba de cuerpo entero y en los últimos años le consumía horas, era su taller. Sus herramientas eran una colección siempre en expansión, y que no podía abandonar. Sus dos últimas residencias antes de caer enfermo, vieron nacer y crecer bodegas llenas de todo tipo de artilugios desparramados en lugares que solo él podía determinar con precisión. Desarrolló una vocación de maestro chasquilla, pero sobre todo del oficio de San José, un carpintero sencillo y afable. De sus manos salieron cientos de cruces para los niños del colegio que realizaban la Primera Comunión. Ese amor a la madera y los inventos extraños para arreglar una puerta o hasta el campanario y reloj de la Iglesia de Valparaíso, lo entretenían de igual manera. El silencio de horas en el taller se reflejaba en sus profundas homilías que preparaba domingo a domingo con dedicación y prolijidad, escritas con su pluma de tinta inconfundible, así como el puzle dominical del diario. Otra característica fue el deseo de realizar talleres de estudios bíblicos para apoderados y feligreses del templo. 

Enrique fue un porteño neto, un hombre inquieto, abierto a aprender, obediente al querer de Dios en su vida religiosa, que supo trabajar con laicos/as educadores y hacerse amigos de ellos y ellas. Fue un hermano interesante en sus inquietudes y búsquedas, e interesado y atento a los demás, lo que desarrolló en la atención frecuente en el confesionario del templo de Valparaíso y en el acompañamiento espiritual y cercanía a su familia y amigos. No solo quería moldear maderas y mentes sino corazones al modo de Jesús, a ese que lo “tomó por el centro” desde muy niño y lo hizo entrar a los 19 años a la vida religiosa, profesando que allí quería “vivir y morir”, como lo ha hecho hoy viernes 6 de mayo a las 02.25 hrs. en la casa de Sarmiento, a los 89 años de edad.

Hoy su familia de sangre y religiosa da gracias a Dios por este buen hermano y sacerdote-religioso que nos regaló su cercanía y cordialidad que hablaba de la misericordia de Dios, de su fuerza creadora que nos hacía a todos artesanos de nuestras propias vidas, la mejor obra de Dios. Gracias Enrique por testimoniar con tu vida esa fe sencilla y profunda que no se hundió en tiempos cambiantes como los que tu viviste a lo largo de tu vida.

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