“San Damián”: El leproso voluntario

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Jozef de Veuster, más conocido como nuestro patrono “San Damián”, nació el 3 de enero de 1840 en Tremolo, un pueblo de Bélgica. Sus padres eran campesinos y Jozef los ayudaba con la albañilería y el cultivo. A los 18 años se fue a estudiar a Bruselas, la capital de Bélgica. 

A inicios de 1859 se hace religioso y parte de la congregación de Los Sagrados Corazones, tomando el nombre de “Damián”.

En 1863 su hermano, quien también era misionero, se enfermó. Por lo que Damián se encargó de realizar las misiones a las islas de Hawái. 

Con solo 23 años de edad zarpó su viaje desde Alemania hasta Hawái, el que duró alrededor de 4 meses en barco. Llegando finalmente el 17 de marzo de 1964 a las islas.

Entre una de las islas, existía la isla Molokai, donde allí se enviaban a las personas enfermas de lepra como medida de aislamiento. Damián, al conocer esta situación pidió a sus superiores la autorización para ser enviado a esta isla, con el fin de cuidar a los enfermos.

El 10 de mayo de 1873 fue el día en que Damián llegó a Molokai. Sin embargo, antes de comenzar su rumbo a la isla dijo: “Sé que voy a un perpetuo destierro y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra, pero ningún sacrifico es demasiado grande si se hace por cristo”.

Durante los años que estuvo en Molokai, Damián se dedicó a visitar a los afectados por lepra. Construyó casas, escuelas e iglesias. Empezó a crear fuentes de trabajo para distraer a los enfermos y hacerlos sentir bien consigo mismos. Creó una banda de música y también enseñó reglas de higiene. 

En 1885,  un día cualquiera mientas se lavaba sus pies con agua hirviendo se dio cuenta que no sentía el calor del agua, fue entonces cuando entendió que estaba contagiado de lepra.

Murió el 15 de abril de 1889 a la edad de 49 años.

El 4 de junio de 1994, 100 años después de su muerte, fue beatificado por el Papa Juan Pablo Segundo, lo que significa ser propuesto por la iglesia católica como ejemplar de todo aquel que quiera seguir los pasos de Jesús.

El 11 de octubre del 2009, el Papa Benedicto XVI lo canonizó, es decir, lo declaró oficialmente  santo, de esta forma lo llamamos “San Damián” y con ello también se autoriza su culto en la Iglesia Católica. 

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